— ¿Quiénes son ustedes? — preguntó mientras desenvainaba su espada.
— Soy Árkalan. Sirviente del Ejército Oscuro — dijeron todos a excepción de uno al unísono.
— Decime quien sos vos y te digo mi nombre — dijo el que no había hablado.
— Yo soy Árkalan. ¿De dónde saliste? — le respondieron al mismo tiempo.
— ¿Qué pasa en éste lugar? Busquemos una criatura que nos pueda explicar esto — propuso uno.
— A mi no me importa que pasa, voy a quedarme a dormir bajo la sombra de éste árbol y después sigo con lo que hacía — dijo un Árkalan.
— ¿Ustedes vienen? — les preguntó otro al resto.
— Si, vamos. ¿Les parece buena idea identificarnos con números?
— Es buena idea. Yo soy Uno, el pelotudo que está tirado es Dos, vos sos Tres y vos Cuatro. Vamos que estoy cansado de estar con ustedes.
— A nosotros tampoco nos gusta estar con vos, vayamos rápido — dijo Cuatro. Al mismo tiempo que corría por el sendero.
Uno y Tres lo siguieron y más tarde él y Uno jugaban carreras y dejaban a Tres atrás. Diez minutos después ellos estaban muy cansados y se sentaron en el pasto para esperar a Tres. Él no tardó en llegar y los obligó a caminar a pesar del cansancio.
Una hora más tarde vieron una aldea y corrieron a ella buscando algún tipo de vida que les pueda responder sus preguntas. Enseguida vieron unos a unos chicos que jugaban con una pelota. Cuatro sugirió que lo dejen hablar a él y los otros aceptaron.
— Chicos, pisé un charco y aparecieron ellos, ninguno sabe quien es el otro ni de donde salió.
Los chicos se rieron y les dijeron que esperen mientras llamaban a su padre. “¡Papá!” gritó uno de ellos y un hombre salió de una cabaña.
— ¿Qué pasa? — dijo, y al ver a los Árkalan sonrió y caminó hacia ellos.
— ¿Pisaron el charco y aparecieron los otros, no? Y seguro que uno se quedó en el camino.
— Si. ¿Cómo sabe eso? ¿Qué nos pasó?
— El charco divide al verdadero ustedes en sus tres personalidades más notables. Creo que el que falta es la vagancia, el miedo o el débil que murió ¿No? Aunque también puede ser el verdadero.
— El pelotudo se quedó durmiendo en el pasto. ¿Cómo hacemos para saber quién es el real?
— Vos debés ser el malo, quien sea el verdadero parece que es una mala persona. Los espejos reflejan solo al real, mírense en uno y sabrán cual es. Vengan a mi casa.
Todos siguieron al hombre que los llevó a su sala de estar y les prestó un espejo. Uno no se reflejó lo que lo hizo enojar y tiró el espejo al suelo.
— ¿Podría traernos otro? Cuando sepamos quien es el real se lo pagaremos — dijo Tres.
— Yo no voy a pagarle nada — aclaró Uno.
— Está bien, les traigo otro — dijo el hombre mientras les llevaba otro espejo.
Tres miró el espejo pero no estaba su reflejo.
— Seguramente vos sos Árkalan — le dijo a Cuatro
Cuatro miró el espejo y al ver su reflejo se llenó de felicidad.
— ¿Cómo nos juntamos de nuevo? — le preguntó al dueño del espejo.
— Tienen que pisar el charco otra vez mientras tienen una Nethnals en la boca.
— ¿Nethnals? Por la terminación estoy seguro que es una flor.
— Si, es una flor. Tiene los pétalos amarillos y su tallo es azul. Crecen en el lago Neth, a siete kilómetros de acá.
La imagen que adjunté fue hecha por mi porque los resultados de la búsqueda de Google no me convencieron.