Árkalan caminaba por el verde bosque. Los pájaros cantaban y los tiernos roedores corrían de un lado al otro del sendero. Todo era hermoso pero un grito cortó el ambiente, era un pedido de auxilio de un roedor que estaba herido. Árkalan salió del sendero para socorrerlo pero cuando llegó el animal, parecido a un conejo, estaba partido al medio y un humo negro emanaba de su interior.
Árkalan miró atónito como el humo ascendía y se disipaba. Después bajó la cabeza y notó que el animal ya no estaba. Se volteó y vio que el camino tampoco estaba, los pájaros ya no cantaban, los roedores no corrían, los árboles se habían podrido y las flores estaban todas marchitas. El bosque en cuestión de segundos dejó de ser hermoso. Miró al cielo con la esperanza de que éste no haya cambiado pero lo vio negro, sin estrellas, nubes, nada que haga que parezca un cielo.
Totalmente desorientado, Árkalan desenvainó su espada y corrió hacia cualquier parte hasta que un aullido que se oyó a lo lejos lo paralizó. Él estaba muy asustado porque lo que Árkalan estaba buscando lo había encontrado primero a él.
[Son partes de una gran historia, hay cosas que aún no se explican pero seguramente las veremos más adelante]
30/9/08
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