6/10/08

Nunorpa Ed

Árkalan llegó a lo alto de una colina cansado por el largo viaje a pie. No sabía donde estaba pero desde ahí podía ver un acantilado en el que notó puertas de hierro dispuestas en varios pisos.
Siguió caminando y vio que, perpendicular al acantilado que había visto se extendía otro y que un estrecho pasaje pegado al primero llevaba a él. Avanzó a través de él y encontró unos enormes tablones de madera sostenidos por columnas, que se extendían entre los acantilados formando un piso. Ese lugar solo podía ser un antiguo muelle deshabitado, probablemente porque se había secado el río.
Un frío viento corrió entre las grandes cajas de madera y las dos grúas que había en el lugar. Árkalan se sentó con la espalda apoyada en una caja y se dispuso a descansar.
Mientras él miraba las largas cadenas que colgaban de las grúas una mano se apoyó en su hombro derecho y tiró de él. Árkalan se levantó de un salto, dio media vuelta y desenvainó su espada. Frente suyo estaba parado un hombre harapiento.
— ¿Quién sos y por qué me tomaste por sorpresa? ¿Qué es este lugar? – Preguntó Árkalan.
— Eso no importa, váyase de este lugar antes de que ellos vuelvan – Dijo el hombre vestido de harapos de color índigo.
— ¿Antes de que vuelvan quiénes? Respondé a mis preguntas, no me voy a ir.
— No hay tiempo para hablar. ¡Váyase, corra hacia el oeste!
Árkalan notó que el hombre traía un grillete en su tobillo y que su hediondo olor ya lo estaba mareando.
— ¿Qué pasó acá? ¿Quiénes son ellos? Seguramente ellos pusieron ese grillete en tu tobillo.
— Supongo que no se va a ir. Le digo lo que quiera a cambio de su ayuda. Usted parece alguien poderoso.
— Bueno, respondé a mis preguntas y decime Ar. Que me digan señor me recuerda lo lejos que estoy de casa.
— Está bien…Ar, como quieras – Dijo el hombre mientras se sentaba en el suelo e invitaba a Árkalan a sentarse a su lado – Yo soy Yertág, ex jefe de carpintería de Ménaguel la ciudad de la esquina ¿No escuchaste hablar de ella? Que suerte, no me gustan los visitantes. Perdón por asustarte. Quería decirte que no era seguro que estés acá y mucho menos que estés dormido porque si ellos llegaban y te encontraban con la guardia baja no se que hubieran sido capaces de hacer.
— Entonces gracias por el aviso. Todavía no me hablaste de vos ni de las cosas que quiero saber.
— Hace ya dos años ellos, los “Nunorn” como se llaman a si mismos, llegaron y nos tomaron por sorpresa. Nuestro ejército intentó hacer algo pero ya era demasiado tarde, solamente mataron a dos y creo que eran los más inofensivos. Después de eso esclavizaron a otros hombres y a mí para cortar madera y construir un camino, un puente, algo así.
— ¿Cuántos son ellos? ¿Vos por qué estas acá si los árboles están arriba del acantilado?
— Creo que son alrededor de diez, todos usan armaduras que solo les dejan libres las manos. A uno le falta un dedo, lo habrá perdido en una batalla. Hace casi dos horas uno de ellos gritó algo en su idioma y todos corrieron hacia el este. En ese momento mis compañeros y yo rompimos las cadenas con las hachas que nos dieron; éramos doce pero nueve fueron a otra parte temiendo que ellos sigan acá, de los tres que veníamos uno se arrepintió y se fue, pero mi compañero y yo seguimos caminando, él está esperándome entre los árboles.
Cuando Yertág dijo eso un grito muy agudo se escuchó en el valle y su eco repitió muchas veces, luego se escuchó la caída de un árbol y otros gritos, solo que esta vez eran más gruesos.

2 comentarios:

Gri.H (Bloguera Nocturna) dijo...

jaja recibis mas firmas que yo =O
^^ siempre fui curiosa y te pregunte sobre tus historias y lo que escribias y nunca me querias contar
estaria re bueno leerlo por aca =)
y no leer las estupideces que pongo yo xD
en fin , aca yo
alla vos
y asi es la cosa

=P saludos

Olivia Dupit dijo...

Excelente, aunque hay unos de talles, al estilo "yo y mis compañeros"...
El burro por delante boludo =P
Me encantó como fuiste desarrollándolo =)
Besote